mayo 11, 2006

Mujer, casada, profesional, dueña de casa y con hijos...



Dicen que cuando uno se casa todo cambia. Existen una cantidad de cliché como: la ropa botada en el baño, la pasta de dientes que uno aprieta de arriba y el otro de abajo y que siempre se va a pelear por el control remoto. Por suerte nunca he experimentado ninguno de estos mitos urbanos. Lo único cierto es que la vida SI cambia cuando llegan los hijos.

Tengo uno de cinco años y, por muchas razones, más que hijo parece mi marido. El otro dia estábamos solos en la casa. Eran las ocho, y empezaba MI teleserie. Cuando tomé el control remoto, él rápidamente me lo arrebató para ver los mejores capítulos de los "Power Rangers". Le quité el control y le dije que era mi turno. Debo reconocer que a tirones, el control volvió a sus manos y los power rangers se me vinieron encima y con una habilidad digna de un mago sacó las pilas del control. No tuve oportunidad de revancha.

Mi hijo, casi treinta años menor que yo, había ganado en la batalla del control. Asumiendo mi derrota, le pregunté de qué se trataban estos monos y él me contestó, sin despegar sus ojos de la pantalla, que después me contaba, que ahora estaba ocupado... Una respuesta que, perfectamente, podría ser de mi marido cuando está viendo un partido de la selección, el último punto de la Copa Davis o peor aún, haciendo un asado con los amigos.

4 Comentarios:

  • Somos las primeras generaciones de padres decididos a no repetir con los hijos los errores de nuestros progenitores.
    Y en el esfuerzo de abolir los abusos del pasado, somos los padres más dedicados y comprensivos pero a la vez, los más débiles e inseguros que ha dado la historia. Lo grave es que estamos lidiando con unos niños más "igualados", beligerantes y poderosos que nunca.
    Parece que en nuestro intento por ser los padres que quisimos tener, pasamos de un extremo al otro.
    Así, somos la última generación de hijos que obedecieron a sus padres y la primera generación de padres que obedecen a sus hijos.
    Los últimos que le tuvimos miedo a los padres y los primeros que les tememos a los hijos. Los últimos que crecimos bajo el mando de los padres y los primeros que vivimos bajo el yugo de los hijos.
    Lo que es peor, los últimos que respetamos a nuestros padres, y los primeros que aceptamos que nuestros hijos nos falten el respeto.
    En la medida que el permisivismo reemplazó al autoritarismo, los términos de las relaciones familiares han cambiado en forma radical, para bien y para mal.
    En efecto, antes se consideraban buenos padres a aquellos cuyos hijos se comportaban bien, obedecían sus órdenes y los trataban con el debido respeto.
    Y buenos hijos a los niños que eran formales y veneraban a sus padres.
    Pero en la medida en que las fronteras jerárquicas entre nosotros y nuestros niños se han ido desvaneciendo, hoy los buenos padres son aquellos que logran que sus hijos los amen, aunque poco los respeten. Y son los hijos quienes ahora esperan respeto de sus padres, entendiendo por tal que les respeten sus ideas, sus gustos, sus apetencias y su forma de actuar y de vivir. Y que además les patrocinen lo que necesitan para tal fin.
    Como quien dice, los roles se invirtieron y ahora son los papás quienes tienen que complacer a sus hijos para ganárselos y no a la inversa, como en el pasado.
    Esto explica el esfuerzo que hacen hoy tantos papás y mamás por ser los mejores amigos y parecerles "a todo dar" a sus hijos.
    Se ha dicho que los extremos se tocan. Y si el autoritarismo del pasado llenó a los hijos de temor hacia sus padres, la debilidad del presente los llena de miedo y menosprecio al vernos tan débiles y perdidos como ellos.
    Los hijos necesitan percibir que durante la niñez estamos a la cabeza de sus vidas como líderes capaces de sujetarlos cuando no se pueden contener y de guiarlos mientras no saben para dónde van. Si bien el autoritarismo aplasta, el permisivismo ahoga
    Sólo una actitud firme y respetuosa les permitirá confiar en nuestra idoneidad para gobernar sus vidas mientras sean menores, porque vamos adelante liderándolos y no atrás cargándolos y rendidos a su voluntad.
    Es así como evitaremos que las nuevas generaciones se ahoguen en el descontrol y hastío en el que se está hundiendo una sociedad que parece ir a la deriva, sin parámetros ni destino.

    Los límites ubican al individuo."
    Autor desconocido

    By Anonymous Anónimo, at 30/6/06 2:19 p. m.  

  • Que pena da leer los comentarios anteriores. Reflejan una gran desesperanza.

    Por si les ayuda, quiero compartirles mi visión: todas las desesperanzas se disipan si en vez de querer competir con nuestros hijos, los ponemos a ellos primeros que a nosotros mismos.

    Somos nosotros -los papás- los invitados a superar nuestros egoísmos y egocentrismos y de esa manera -con el ejemplo- estaremos contribuyendo a crear personitas cada vez mejores.

    Servir, ceder y comprender a los hijos hace mucho más feliz que competir con ellos. No se trata de que haya que ganarse su amor o respeto. Es mucho más fácil amarlos, si, simplemente amarlos.

    Dios -nuestro mejor modelo de Padre- nos ama incondicionalmente, no nos pide nada a cambio, y somos nosotros mismos quienes nos hacemos infelices cuando dejamos de amarlo o de amarnos entre nosotros. La solución a nuestras inquietudes está mucho más cerca de lo que a veces pensamos. Basta querer imitar un poquito a Dios y nuestro entorno familiar podrá experimentar maravillosos cambios.

    By Anonymous Anónimo, at 2/7/06 8:43 p. m.  

  • Si pudiera ser un aporte, creo que hay algo que nos diferencia profundamente, de nuestros padres; es la conciencia de que nuestros hijos merecen respeto.
    Sobre esa base y con mucho amor, para nosotros no ha sido difícil educar a nuestros hijos, hasta ahora, hemos tenido gracias a la Gracia de Dios, buenos y tranquilizadores resultados.
    Nuestra vida ha estado matizada por momentos muy difíciles, los que hemos vivido y compartido al 100%, con ellos, respetando su derecho a saber y conocer la realidad de la situación, dando espacio para que ellos también aporten y sepan las razones, consecuencias y proyecciones.
    Tener fe en sus capacidades y respeto por ellas, ha sido un gran potenciador del desarrollo del sentido de ubicación y una gran herramienta a la hora de solucionar problemas.
    Creemos que nuestros hijos, los de todos, no sólo los nuestros, son buenos hijos, y basados en esa fe, los problemas y dificultades con ellos tienen un buen fin.

    By Anonymous Anónimo, at 4/7/06 8:07 a. m.  

  • Creo que todos los comentarios anteriores son verdad, todos mirados de distintas realidades y todos son un gran aporte.

    Pienso que estamos en una etapa en que cuesta ser equilibrados, todos o muchos quieren exito profesional, la familia ideal y faltan horas en el dia para lograrlo, todo necesita TIEMPO.

    En los tiempos que corren, creo que estamos mas dedicados al desarrollo personal y profesional porque hemos podido descansar y delegar la casa y los hijos en las NANAS, que sin duda son de gran ayuda pero claramente exageramos. Podemos estar cansados y descansar antes de atender a nuestros hijos y las nanas cada vez hacen mas cosas que antes haciamos las madres. El cargo de conciencia nos lleva a concentir en cosas materiales y a tratar de tener un rato agradable el tiempo que los vemos, dejando muchas veces que sean los que ponen las reglas.

    Creo que es una etapa necesaria para llegar a lograr un equilibrio, pero no facil para las generaciones que les toca vivirlo.

    Solo puedo decir animo!!! es lindo ser padres pero muy dificil, tratemos de hacerlo lo mejor posible y lo mas importante es el amor.

    By Anonymous Anónimo, at 18/7/06 2:41 p. m.  

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